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Corsario | |||
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Descripción de la imagen: Sobre la imagen de John Riddley en la playa: Debido al tiempo de render (65 horas), se me ocurrió un cuento mientras miraba como se iba realizando la imagen, así que, aquí lo tienes: John Riddley, el Corsario John Riddley siempre fue un pendenciero. Los suburbios de Brístol fueron su hogar hasta que se enroló en el mercante "Endeavour" bajo pabellón de su Graciosa Majestad, que hacía la ruta de las indias. Fue en aquellas lejanas latitudes donde labró su fama de hombre duro y hosco, que culminó con sus fechorías como segundo de a bordo del conocido Pirata Harry "el escocés" que motivaron la desesperación de la corona española, quien puso precio a sus cabezas y envió más de quince misiones de captura, todas ellas infructuosas. Su guarida se encontraba en la Isla Caracol, que no aparecía en las cartas marinas, y donde se guardaba el resultado de años de saqueo y barbarie. Fue en el transcurso de una de las celebraciones tras el éxito de un abordaje a un carguero español, cuando surgió una disputa entre John y Wilmer, un recién llegado con pinta de francés fino, con ojos pequeños y penetrantes. Comenzaron con insultos y pronto estuvieron a las manos. Wilmer retó a John a que celebrasen un duelo en la playa, quien aceptó en medio de los gritos del resto . La superioridad de Wilmer era manifiesta; más joven, más fuerte y menos afectado por el ron. John se movía despacio, trastabillando sobre la arena que se hundía a sus pies, y así sintió que le atravesaba el acero de Wilmer, como si resbalase suavemente por una garcia. Luego un dolor sordo y oscuridad, y después nada. Wilmer lo vió derrumbarse lentamente hasta quedar boca arriba. La espada de John, caprichosamente clavada en la arena por su empuñadura tras su caída, se mantenía en pie, con la punta señalando al cielo. "Tómate una botella de ron a mi salud... en el infierno", dijo Wilmer despectivamente mientras le arrojaba un doblón de oro. Se giró hacia Harry "el escocés" y blandió su espada, profiriendo un aullido y se le quedó mirando. Sus pequeños ojos brillantes no se apartaron un instante de los del viejo Corsario. Harry "el escocés" no dijo nada. Amartilló su arma y realizó un único disparo que terminó con la vida de Wilmer. "Demasiado peligroso para un recién llegado", pensó para sí. Luego lanzó al cadáver de John su bolsa de monedas de oro y gritó: "Que nadie le toque, ni a él ni a las monedas; un pirata debe yacer en el mar con lo que de él obtuvo". De entre los hombres de Harry "el escocés" surgieron voces de desacuerdo. Unos decían que la pelea había sido justa. Otros que nadie desafía al Capitán. Los vapores del ron y la reciente pelea a muerte habían encendido los ánimos de la tripulación, y la playa pronto fue una batalla campal de todos contra todos. No sobrevivió ninguno. Desde entonces existe una maldición que rodea a la Isla Caracol. Nada vive allí, ni plantas ni animales. Sus aguas no contienen vida alguna. La Isla Caracol sigue hoy en día sin figurar en los mapas. Nadie que llegue a ella regresa para contar de su existencia. Txemi Jendrix inspiriens 1998 |
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