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Cuentos
Jueves, 16 de Julio de 2015 17:34

gris

Dedicado a Angela, François, Matteo, Mario, David, Mariano y a todos sus amigos.

 

  • - ¿Sabes?, yo también fui un tipo con coche, casa, hijos, trabajo… todo aquello se fue… desapareció… y tuve que construirme de nuevo pero me temo que no usé los planos correctos o el libro de instrucciones estaba lleno de imprecisiones; los activos estaban inflados y el pasivo correctamente maquillado para que no restase impulso…
  • - ¡Te quieres callar de una vez!. Deja ya de dar el coñazo, que los demás queremos dormir y no oir otra vez ese puto rollo. Te tocan dos horas de guardia y te las tienes que pasar hablando sin parar.
  • - ¿Sabes?, yo en un tiempo compraba cajetillas de tabaco, con los cigarrillos liaos y todo. ¡Nos reíamos de nuestros abuelos que fumaban picadura y se liaban los cigarros!…
  • - ¡Pero te vas a callar de una puta vez o voy a tener que darte una hostia!. ¡Mecagüendios que te voy a abrir la cabeza!.
  • - Déjalo Paco, ya sabes como está y entre sus murmullos y tus gritos no se puede cerrar el ojo. Ponte unos tapones y pasa de él.
  • - ¡Es que me toca los huevos tener que aguantarlo cada puta noche!.

Se oyó un grito lejano pero perfectamente inteligible, seguramente de algún balcón con un vecino cabreado; ¡Como no se callen voy a llamar a la policía. Que son las dos joder.!

  • - Venga Paco, no grites más y tú, Celso, a dormir, que ya se ha terminado tu guardia.
  • - ¿Sabes?, yo tenía unos cuantos amigos y hablaba con ellos por teléfono. ¡Me acuerdo de un teléfono que tuve…!
  • - ¡Yo lo mato!.
  • - Venga Celso a dormir y calladito ¿vale?. Paco, como sigas gritando se van a mosquear más los vecinos y van a venir los maderos a echarnos a hostias. Cálmate un poco… échale un trago a la reserva y verás como Celso se duerme y se calla.
  • - ¡Es que todas las putas noches igual!.
  • - Si pero Paco, joder - hablando en un siseo - deja de gritar y habla más bajo.
  • - Mira Luis… yo ya no aguanto más a este tipo…. Está colgao.
  • - Vale no está bien del todo…
  • - No está bien de nada; este tío está de loquero.
  • - Pero si no tienes pasta, tu único sitio es la calle si es que no te echa la Policía.
  • - Te dejan en las afueras, pero siempre volvemos…
  • - Y siempre nos vuelven a echar… Venga, intenta dormir que te toca luego.

Paco contestó con un gruñido, se puso de lado, ajustó el cartón para que le tapase lo máximo posible sin dejar al aire los pies y cerró los ojos.

La noche era tránquila como correspondía a un martes; casi nadie por la calle, poco tráfico salvo algún adicto a su moto que aprovechaba la madrugada y las calles vacías para darle gas. La luna mostraba el halo amarillento de la contaminación al atravesarla, como si le hubieran aplicado un efecto de resplandor difuso. No hacía frío, no como en invierno. Luis se frotó las manos recordando los sabañones que tuvo y agradeciendo que aquello acabase.

Paco roncaba levemente y Celso de vez en cuando soltaba un resoplido y articulaba palabras inconexas. Estaban dormidos.

Luis tenía sueño, pero tenía que estar de guardia. A los colegas de la calle Imperio les habían aparecido tres chavalitos con una lata de gasolina y un mechero. Después de cagarse en sus putas madres combinaron ambos elementos y Magda ya no está.

Pedro, su marido, está en el hospital. Luis fue a verlo. Lo recordaba perfectamente. Cubierto de vendajes en su camilla en el pasillo del hospital. Problemas de gestión, claro; como es público se cierran dos plantas enteras y ya las abriremos cuando nos salga de los cojones. Mientras, tú, al pasillo.

Se acordaba de los ojos de Pedro y de la frase que repetía; ¡Tenéis que tener mucho cuidao!.

Y ahí estaba Luis, de guardia. Sin saber muy bien qué sentido tenía todo aquello, pero muy atento.

Celso se alborotó un poco en su sueño. De repente se sentó, miró a Luis y dijo:

  • - ¿Sabes?, yo antes tenía una vida…
  • - Claro que sí Celso, no te preocupes, descansa que te vendrá bien.
  • - Hasta mañana Luis.
  • - Hasta mañana Celso.

Luis miró su reloj. En realidad su única posesión junto con lo que llevaba puesto. Hubiera podido venderlo pero era su único enlace con su vida de verdad, no esta pesadilla.

Las dos y cuarto. Se acurrucó y siguió mirando al fondo de la calle.

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